
Hay días en los que simplemente me encierro en mi habitación e intento hacer yoga para despejar la mente. A veces ni eso funciona.
Hoy es uno de esos días difíciles.
En los seminarios todo parece tan sencillo. Te hablan de trabajo en equipo, de apoyo, de acompañamiento. Te dicen: "Cuando lo necesites, estaremos aquí para ayudarte". Y quieres creerlo.
Pero luego llega el momento en que realmente necesitas una respuesta. Llamas y nadie contesta. Envías mensajes que son leídos y quedan sin respuesta. Pasan los días. A veces las semanas.
Y no es solo la falta de una solución lo que pesa. Es la sensación de estar sola gestionando problemas, tomando decisiones y sosteniendo responsabilidades mientras esperas una respuesta que no llega.
Luego están los comentarios de siempre: "Te quieren cansar", "aguanta un poco más", "sé fuerte".
Y yo lo intento. Intento ser más fuerte cada día. Aguantar un poco más. Dar un poco más. Resolver un problema más.
Pero también soy humana.
Llega un momento en el que la mente se satura. En el que el cansancio deja de ser físico y se convierte en algo mucho más profundo.
A veces me pregunto cuánto tiempo más podré seguir así. Porque no se trata de trabajar mucho. Se trata de sentir que cargas sola con responsabilidades que deberían compartirse.
A veces siento que, si esto sigue así, acabaré sentada frente a un médico pidiendo una baja porque mi mente ya no pueda más. No porque no quiera luchar, sino porque incluso las personas más fuertes tienen un límite.
Y lo más duro es pensar que quizá el día que ya no esté, aparecerán las soluciones que hoy no llegan. Quizá entonces habrá más personal. Más apoyo. Más recursos. Lo que hoy parece imposible, de repente será posible.
No escribo esto para dar pena.
Lo escribo porque detrás de cada responsable, cada gerente y cada trabajador que parece poder con todo, hay una persona.
Una persona que también se cansa.
Una persona que también necesita apoyo.
Una persona que, a veces, solo necesita que alguien responda al teléfono, conteste un mensaje o simplemente cumpla aquello que prometió cuando dijo: "Si necesitas ayuda, estaremos aquí".
Y aun así, mañana volveré a levantarme, abriré la puerta y seguiré adelante. Porque los clientes siguen llegando, los problemas siguen necesitando soluciones y el trabajo no se detiene.
Solo que algunos días pesan más que otros.