Cada ascenso tiene un precio

Hace apenas tres años mi vida era diferente. 

Quería avanzar. 

Crecer. Subir. 

Demostrarme a mí misma que podía llegar más lejos. 

Y lo conseguí.

Pero nadie me explicó el precio del ascenso.

Hoy soy gerente de un camping. Tengo más responsabilidad, tomo decisiones, resuelvo problemas, cargo con cosas que antes simplemente no me correspondían. Y en estos últimos tres años me he encontrado con más problemas, conflictos y situaciones difíciles que en muchísimos años de mi vida juntos. A veces miro atrás y extraño aquella época en la que tenía menos. 

Menos responsabilidad. 

Menos poder de decisión.

Menos peso sobre mis hombros. 

Pero quizás también mucha más tranquilidad.

No sé si tomé una buena decisión o una mala. Quizás necesitaba llegar hasta aquí para descubrir que subir no siempre significa estar mejor. Porque cuando estás abajo miras hacia arriba y solo ves la cima. Cuando llegas arriba, descubres todo lo que tuviste que dejar por el camino.Yo quería avanzar. Y avancé. Ahora estoy aprendiendo que cada ascenso tiene un precio. Y quizás la pregunta ya no sea hasta dónde puedo llegar, porque sé que puedo llegar muy lejos.

La pregunta es: ¿hasta dónde quiero llegar si para conseguirlo tengo que perder mi paz?