
Otra vez arriba.
Otra vez a trabajar.
Otra vez llevar a mi hijo al cole.
Otra vez abrir el camping.
Otra vez la misma rutina… y otra vez a practicar ese maravilloso deporte llamado tener paciencia con los clientes. Porque hay clientes muy amables, otros muy divertidos, algunos que te alegran el día… y luego están los que te hacen descubrir niveles de paciencia que ni siquiera sabías que existían.
Pero hoy tengo un problema todavía mejor.
Se me ha borrado TODO el inventario que habíamos preparado este año.
Todo.
Horas de trabajo desaparecidas como si nunca hubieran existido. Y lo peor ni siquiera es que yo tenga que volver a hacerlo.
Lo verdaderamente dramático es que parte del inventario del garaje lo había hecho mi técnico. Así que cuando llegue y descubra que tiene que volver a empezar… creo que vamos a vivir un momento precioso de unión de equipo.
Y conociéndolo, sé perfectamente cuál será su primera frase:« Monika, j’ai une question… »Pues hoy, querido mío… mejor no tengas ninguna.
Porque hay días en los que ser gerente consiste en organizar, decidir, anticipar y resolver problemas. Y hay otros en los que simplemente consiste en mirar al ordenador, descubrir que tu trabajo ha desaparecido y pensar: « Bueno… pues otra vez. »
Así que otra vez abrimos el camping.
Otra vez trabajamos.
Otra vez hacemos el inventario.
Otra vez solucionamos problemas.
Y mañana seguramente habrá otro: « Monika, j’ai une question… »Pero hoy no. Hoy, por tu propia seguridad, no preguntes.