Hoy una cliente casi me hace abandonar la contabilidad y abrir una granja de alpacas. Todo empezó con una simple llamada sobre una factura. O eso pensé yo, inocente. Un chalet ya estaba totalmente pagado por una señora. Hasta ahí todo normal. Pero otra señora necesitaba una factura a su nombre para pedir reembolso a su empresa… aunque ella no había pagado la reserva. Y ahí empezó el laberinto administrativo. Porque claro: la primera señora ya iba a pedir reembolso a SU empresa, pero la segunda señora también quería pedir reembolso a OTRA empresa distinta…por el mismo chalet…ya pagado una sola vez. Entonces intenté explicar tranquilamente que no puedo hacer dos facturas diferentes, a dos nombres diferentes, por el mismo alojamiento ya pagado en una sola transacción.
Pero la historia seguía complicándose.
La cliente empezó a buscar soluciones alternativas: hacer como si una hubiera pagado solo una parte, modificar el pago después, rehacer la factura,reembolsar parcialmente, volver a pagar, dividir personas invisibles dentro del chalet…
En un momento ya no sabía si trabajaba en recepción o en un séminaire de fraude fiscal creativo.
Yo intentando explicar que el TPE puede dividir pagos ANTES del cobro, pero no retroactivamente cuando todo ya está cerrado desde hace semanas. Después de 15 minutos, mi cerebro oficialmente dejó el chat.
Al final la señora me dijo: “Raro… voy a buscar otra manera para que la empresa me reembolse también.”
Y yo me quedé mirando la pantalla en silencio, preguntándome cuántas neuronas me quedan hasta septiembre.